Entre las especialidades periodísticas es conocida la del corresponsal de guerra, que ha dejado para la historia nombres tan distinguidos como el del recientemente fallecido Robert Fisk, radicado en Líbano y desvelador de las contradicciones del Cercano Oriente, o nuestro añorado Manuel Leguineche, que además fue un excelente periodista de viajes y cubrió la guerra de Vietnam pagándose el viaje de su bolsillo (para lo que pedía propinas cantando zarzuela por las calles de Saigón). Hay en la corresponsalía de guerra un componente heroico que ha sufrido una transformación decente: de amor por el riesgo a pasión de explicar la realidad desde una perspectiva omniabarcante, y ese fue el legado que nos dejó Oriana Fallacci. Lo que hace loable esa especialidad no es la asunción del riesgo sino la voluntad de mirar de frente la realidad más cruel.

Pero la vida es bella y siempre nos espera algo mejor: Kelly Robledo, entrevistando a Santiago Tejedor en Somos Periodismo, se ha sacado de la manga un nuevo concepto: corresponsal de paz. Es un gran hallazgo, no sólo porque es un contraste provocativo sino porque indica un camino lleno de posibilidades, el del periodista que asume la tarea de informar de lo que hacen las personas que trabajan para la paz. Sobre todo porque la paz no es simplemente ausencia de guerra sino libertad, justicia, diálogo, cooperación, desarrollo, cultura, educación y progreso. Como dice Tejedor, paz es un verbo, que indica las acciones que conducen a la consecución y realización de las aspiraciones que esa palabra encierra. 

Ser corresponsal de paz es una actividad periodística loable y necesaria. No sólo implica informar sobre lo que otras personas hacen por ella sino comprometerse uno mismo en la búsqueda de esa paz, haciendo que esa misma “corresponsalía” forme parte de la pugna. El periodista, en contra de lo que a menudo se afirma, no es un testigo impasible ante lo que sucede. Una cosa es ser imparcial y otra ser inactivo. El compromiso del periodista es con su propia causa: la libertad de información, las condiciones que la hacen posible y las acciones y circunstancias que la amenazan. Y no hay libertad de información sin paz en ese sentido amplio y profundo que conferimos al concepto. El periodista tiene un olfato especial para detectar que los riesgos para la libertad de información de los profesionales son los mismos que ponen en riesgo la paz de todos los ciudadanos. Quienes asesinan mujeres, líderes indígenas, defensores de los trabajadores son quienes hacen lo propio con periodistas e informadores. 

Sería bueno que los jóvenes periodistas que se forman en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAB exploraran la posibilidad del compromiso del corresponsal de paz. Generación tras generación, quienes hemos querido llegar a ser periodistas hemos partido, en gran mayoría, del deseo de cambiar el mundo. Uno no se hace periodista para quedar guapo en las fotos, aprende a comprender y contar la realidad para contribuir a mejorarla. El periodista explora y relata para llevar paz a un mundo en guerra y la palabra pacífica es su arma.

La IX Jornada de Comunicación, Viajes y Aventura: El Viaje a la Paz, que se celebra el 1 de diciembre de 2020 ayudará a que los alumnos de periodismo puedan ver las posibilidades que les aguardan en ese sentido. Cuentan para ello con una ayuda del todo excepcional, que es la participación en la jornada de nada menos que cinco premios Nobel, que van a dedicar su tiempo y esfuerzo a acompañarnos  en ella. Se dice rápido: cinco personas distinguidas con el galardón que concede la Academia sueca han accedido a compartir una jornada con nosotros al haber sido convocados por el Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB. Es un honor para nosotros pero sobre todo lo es para nuestra universidad. No sucede cada día precisamente que un premio Nobel se aproxime a una universidad para colaborar con ella; no digamos ya cinco nobeles en fila, todos ellos habiendo ameritado una distinción que premia el trabajo por un mundo más humano y más justo.Mientras reviso las biografías de Rigoberta Menchú, Óscar Arias, Juan Manuel Santos, Miguel Barreto y José Antonio Bastos para aprender de sus experiencias le voy dando vueltas en la cabeza a esa bella idea de ser corresponsal de paz. No debería quedarse en un juego de palabras. Quizá podría servir de estímulo para imitar a esos premios Nobel que ahora se nos aproximan. A lo mejor podría originar un movimiento de jóvenes periodistas por encima de las fronteras que se constituyan en corresponsales de paz y se movilicen para esa tarea. Somos Periodismo podría ser el medio que les ayudase a impulsar esa idea.