Pepa Aguar, escritora y profesora de turismo en la UAB, ha ganado uno de los premios literarios Ciutat de Gandía 2020. Su obra, El que em queda de tu, ha recibido el premio Joanot Martorell de Narrativa. Otros de los premios que otorgaba el certamen, como el LVIII Premi Ausiàs March de Poesia, ha recaído en Josep-Anton Fernández por su obra L’animal que parla, y El IV Premi Joan Roís de Corella a la Trajectòria Literària ha sido para Gaspar Jaén i Urban.

Aguar nació en Valencia en 1964, pero se marchó a Barcelona tras cumplir 18 años. Es licenciada en Ciencias de la Comunicación y Ciencia Política de la UAB, y se doctoró en Ciencia Política por la misma Universidad. Ha combinado su pasión por la literatura con colaboraciones periodísticas y de asesoría en comunicación para entidades públicas y privadas. Además, es Coordinadora de un Máster universitario en Turismo de la UAB

Hoy preguntamos a Pepa sobre su trayectoria como escritora y sobre El que em queda de tu, obra con la que ha sido galardonada.

Además de escritora, eres profesora de Turismo en la UAB y coordinadora de un Máster. ¿Cómo has logrado combinar dos profesiones con un alto grado de implicación como son la docencia y la escritura? 

Te diría que como he podido. Seguramente como todas las personas que sienten el aliento de la escritura, pero no pueden dedicarse plenamente, sino que han de compaginarlo con el  trabajo, con el día a día. La manera es robarle horas a la noche, a los fines de semana y a las vacaciones.

“escribir una novela estuvo latente y latiendo también durante mucho tiempo, pero no me atrevía” 

¿A qué edad descubriste tu pasión por la escritura? ¿Y como empezaste tu viaje en este mundo? 

Desde joven he sentido pasión por la buena literatura y me merece un profundo respeto. Aparte de los artículos que he ido redactando para algunas publicaciones y de trabajos relacionados con la comunicación, escribir una novela estuvo latente y latiendo también durante mucho tiempo. Pero, por ese profundo respeto que me merece este oficio, no me atrevía. El año 2013 fue aciago en muchos aspectos, pero luminoso porque me impulsó a tirarme del trampolín. Me inscribí en el taller de novela de Lolita Bosch y fue mágico. Encontré mi oasis particular y me lancé a escribir. 

El que em queda de tu es una novela que habla de las pérdidas familiares derivadas de la enfermedad mental degenerativa que padece tu madre: demencia frontotemporal, ¿podrías explicarnos brevemente en qué consiste esta enfermedad?

Como nos dijo un médico en su momento, es una demencia prima hermana del Alzheimer pero con una idiosincrasia propia. En sus inicios las personas tienen alucinaciones mientras pierden la memoria cercana, olvidan donde dejan las llaves, el bolso o el dinero, preguntan reiteradamente sobre una cuestión, desconfían de las personas que más quieren porque piensan que les están robando y, bastante a menudo, tienen cambios de humor muy marcados. 

“mi madre no se había muerto, pero mi madre ya no estaba ahí”

¿Qué te llevó a decidir plasmar en palabras esta situación? ¿Cuál era el objetivo? 

Creo que necesitaba explicarme lo que le estaba pasando a mi madre y también lo que me estaba pasando a mí mientras veía como ella “desaparecía”. Mi madre no se había muerto, pero mi madre ya no estaba ahí.   

¿Crees que escribir las experiencias y narrar el sufrimiento y la impotencia es, a la vez, una forma de sanar heridas? ¿Es la escritura una especie de catarsis? En tu caso, ¿de expresar las palabras que quedaron por decir? 

La escritura te ofrece o ha de poderte ofrecer la distancia necesaria para poder explicar literariamente lo que te sucede. No es solo relatar sino trazar un camino donde otras personas puedan verse reflejadas. Hay que construir lo justo para que quien te lee pueda construir por su cuenta. Y sí, también, de recordar lo que quedó por decir. 


“cuando pienso en mi madre no pienso en una persona enferma sino en todo lo que me ha dejado”

La nostalgia es un sentimiento que invade a las familias que viven con personas que padecen este tipo de enfermedades, que se lo llevan todo por delante. Según tu experiencia ¿sigue quedando lugar para la esperanza, y por qué no, el futuro, tras una enfermedad de este tipo? 

Cuando empecé a escribir la novela una de las primeras cosas que dije es que no quería que mi madre diese pena. El trastorno mental estigmatiza pero ella, antes de enfermar, era alguien vital, alegre, pletórica de energía. Y así la he rescatado para el recuerdo. Y cuando pienso en mi madre no pienso en una persona enferma sino en todo lo que me ha dejado, en todo lo que me queda de ella.   

¿Qué consejos darías a personas que sufran esta situación en sus familias para poder sobrellevarlo de la mejor manera posible?

Creo que es importante que hablen y que se expliquen lo que sienten y cómo se sienten. Es un proceso muy doloroso y triste que afecta a las relaciones entre los miembros de la familia. Han de apoyarse y han de encontrar apoyos para sobrellevar el esfuerzo y la dedicación que supone cuidar a la persona enferma.  

Y, por otro lado, ¿qué consejos darías a jóvenes periodistas o escritores que quieran dedicarse a la escritura pero no hayan dado el paso aún? 

Que lean mucho, que se nutran de clásicos y que disfruten leyendo. Para escribir hay que leer. Y les diría que se atrevan. Y atreverse significa gozar de los momentos de resplandor, pero también aprender a encarar los de colapso. Es un oficio solitario pero hermoso, muy hermoso. 

Has escrito un libro que ya ha sido galardonado por unos reconocidos premios. Tras este logro, ¿qué proyectos ves ahora sobre el horizonte? Te planteas seguir publicando otras obras en un futuro? 

Espero hacerlo. De hecho, ya he empezado a escribir una nueva novela. Me embarga la emoción y la ilusión de haber iniciado un nuevo proyecto literario.