El libro de Leila Guerriero, 'Zona de Obras'
'Zona de obras', de Leila Guerriero / Fuente: anagrama-ed.es

Leila Guerriero es una periodista argentina que comenzó su carrera profesional sin saber que quería serlo.Así pues, la autora proveniente de Junín (Buenos Aires), no estudió la carrera de periodismo. Tampoco supo que eso era lo que quería hacer por el resto de su vida, hasta que dejó uno de sus cuentos en la recepción del diario argentino Página/12 y le ofrecieron su primer empleo como redactora en la revista mensual Página/30.  Entre sus diversas obras, Zona de obras, publicada el 2014 por la editorial Anagrama, destaca por su diferencia de contenido: se trata de una recopilación exhaustiva de textos escritos por la propia autora a lo largo de los años, entre los cuales encontramos ensayos y crónicas que fueron leídas en conferencias o que se publicaron en revistas. En esta obra, vamos a ver cómo Guerriero plantea 3 preguntas esenciales y determinantes para todo periodista: ¿para qué se escribe, por qué se escribe y cómo se escribe? Nosotros vamos a intentar responder a estas preguntas a lo largo de la reflexión.

Ante todo, debemos empezar previamente por el inicio, es decir, el título .Éste último ya nos indica la dirección emprendida por Guerriero en su obra: quiere mostrarnos el caos, los fundamentos en los que nos basamos y que de vez en cuando tambalean; pero sobre todo quiere que nos demos un paseo por su zona de obras, el espacio dónde todo está aún por construir. Así pues, establecemos un cierto paralelismo entre la zona de obras presentada por la autora a lo largo del libro y la zona de obras de un/a periodista. Sabemos que para ejercer como tal se debe subir una formación específica. Sin embargo, es impactante el hecho que Guerriero demuestra con su propia experiencia que la mejor formación que uno puede recibir es la propia; pues la escritora argentina basó su aprendizaje en un abanico de lecturas varias: desde ficción, poesía romántica francesa, hasta reportajes periodísticos. Este inventario tanto mental como material y su determinación, supusieron su pieza principal para convertirse en una “periodista salvaje”.  

Ahora sí, responder a para qué se escribe, equivale a responder con un propósito, una razón de ser. Por consiguiente, la primera respuesta correspondería a que un periodista, ante todo y sobre todo, debe escribir y hacer periodismo para entender. Entender la historia y  la persona que la está contando. En otras palabras, empatizar y ponerse al servicio de la historia de otro. En segundo lugar, el periodista debe escribir para poder así contar historias reales y hacer lo posible para contarlas bien. Éste tiene todas las herramientas necesarias para conseguirlo, no obstante, la autora señala el reciente peligro de las redes sociales cuya propagación provoca la creencia de que todo el mundo con un lápiz y un papel e incluso un ordenador puede ser periodista. Guerriero alerta así de los principales inconvenientes del día a día de los periodistas tal como la voluntad por parte de los medios de la inmediatez de información y de una escritura veloz de las noticias; además  de la desvalorización del oficio. Por último, el propósito que prevalece entre todos es el de no dejar indiferente al lector. El rol del periodista es en definitiva producir un impacto, aunque sea mínimo.

A continuación, por qué se escribe resulta una pregunta menos compleja,  ya que reside en un motivo que no necesariamente contiene un sentimiento fuerte. Leila Guerriero afirma que la principal causa por la que ella escribe es, primeramente, por el resultado. En otras palabras, partiendo de la falsedad del concepto que mantiene el hecho de escribir como una tarea placentera, la autora afirma su odio profundo hacia la escritura, pero que después se ve recompensado tras haberse pasado días y semanas sentada delante del ordenador. Lo que consigue satisfacerla es nada menos que el resultado final del proceso. Siguiendo esta línea, el siguiente motivo por el que escribe corresponde al hecho de que tiene algo que decir con sus textos. De esta manera, la autora señala que si las palabras son escritas en vano y el texto, en este caso periodístico, no tiene ninguna intención escondida y a la vez querida por el redactor, entonces el texto no tiene valor alguno. Este punto se puede considerar una invitación a todos aquellos periodistas que están leyendo el libro. Se trata de que reflexionen acerca de su compromiso con sus palabras y con el lector: el periodismo, según Guerriero, se trata de “una visión del mundo”, y el periodista es el encargado de transmitirla.

Seguidamente, la última pregunta que según la autora corresponde a la más problemática e interesante del oficio, consiste en el cómo se escribe. Partiendo de la base que para Guerriero el periodismo es “una subjetividad honesta” y que también es visto como una forma de arte; observamos que la autora afirma reiteradas veces que no tiene una verdad absoluta para el cómo. Aun así, dos conceptos clave destacan: el arte de mirar y el arte de hacer preguntas. He aquí una tarea compleja, que requiere una curiosidad extrema y mucha paciencia, combinadas con discreción e invisibilidad. Si bien esta es la fórmula propuesta por la autora, debemos también señalar la necesidad de devoción hacia la historia y el uso incansable de la duda. Así pues, Guerriero apuesta por una metodología basada en la mirada disciplinaria, crítica y desviada de lo que todo el mundo percibe: “ver lo que está pero que nadie ve”. Efectivamente, escribir resulta un proceso largo y agotador, en el cual el periodista se pone a prueba a sí mismo constantemente. La tarea más complicada es en definitiva decidir cómo se cuenta una historia.

Finalmente, los textos de Zona de obras nos permiten sopesar acerca de lo que es el periodismo y su función en la sociedad. De la misma manera, Leila Guerriero  al invitarnos a descubrir sus textos en los cuales nos proporciona su propia mirada del mundo,  permite que el lector se sienta identificado con lo que escribe.

Consejos: A los periodistas que están empezando, les diría que respeten a la persona que les cuenta una historia y que le presten verdadera atención, puesto que los importantes no son ellos sino la persona explicando. Seguidamente, les diría que no pasa nada si un día escriben 3 páginas seguidas y al siguiente 1 frase. La tarea de escribir no siempre resulta fácil, pero la constancia en el trabajo marcará la diferencia. Finalmente, les diría que no existe una verdad absoluta que indique las pautas de cómo se hace periodismo. Por eso, les recomiendo que busquen sus propias maneras de hacerlo: leyendo e investigando.