fast fashion
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La industria de la moda es la segunda más contaminante que existe

Los objetivos de algunas grandes marcas de moda están cambiando y evolucionando hacia el fast fashion, la nueva tendencia de consumo de ropa. La intención del fast fashion es producir una gran cantidad de material a un coste mínimo, de manera que la ropa sea “desechable”, “de usar y tirar”.

Este concepto va íntimamente ligado al de “micro temporadas”. Ya no hablamos de comprar ropa para las temporadas de invierno, primavera, verano y/o otoño, sino que aún se dividen más estas estaciones y el consumo pasa a ser semanal, con nuevas colecciones cada semana. Se han llegado a contabilizar 52 colecciones al año. Los productos fast fashion son diseñados, fabricados, distribuidos y vendidos muy rápidamente, de manera que los consumidores pueden adquirir las nuevas tendencias de moda y cambiar sus armarios casi diariamente. 

Algunos datos sorprendentes sobre el impacto medioambiental del fast fashion

Para poner a disposición de los consumidores estos productos a tal velocidad, el modelo circular en el que se sustenta (producción de tejidos – fábrica de ropa – tienda – armario – proveedor de segunda mano – recicladores de material textil – producción de tejidos…) se acelera, provocando un gran impacto en el medio ambiente. El 20% de las aguas residuales mundiales se producen mediante este proceso: para teñir o estampar ropa se necesitan sustancias químicas que contaminan el agua. El poliéster, que es la fibra sintética más utilizada para la confección de ropa, precisa de 70 millones de barriles de petróleo para elaborarse, y tarda unos 200 años en descomponerse, según un informe de la BBC. Para obtener un kilo de algodón, son necesarios aproximadamente 10.000 litros de agua. Cada año, destinados a la confección de ropa, se utilizan 93.000.000 de metros cúbicos de agua.

La industria de la moda es, pues, la segunda industria más contaminante que existe después de la petrolera. Ella sola consume más energía que la industria de la aviación o el transporte marítimo combinadas. El fast fashion no ayuda a reducir esta contaminación. Contribuye a agravarla. 

Zonas del planeta afectadas por la producción téxtil

Países asiáticos como Bangladesh, India, Camboya, Indonesia, Malasia, Sri Lanka y China son los que más fabricación de prendas de fast fashion tienen. Las personas que trabajan en estas industrias pueden llegar a trabajar entre 14 y 16 horas diarias, tienen un salario mísero y sufren de unas condiciones laborales pésimas (entre las cuales tenemos la explotación laboral infantil y el trabajo forzado). Al impacto medioambiental de la industria de la moda y el fast fashion le estaríamos sumando una afectación directa a las condiciones laborales de estas personas.

Otras zonas afectadas por este negocio son aquellas que tienen agua o ríos abundantes. Por ejemplo, los ríos africanos están gravemente afectados por la producción de ropa. Existen problemas de acceso al agua y de contaminación fluvial en África, donde las grandes marcas europeas y estadounidenses focalizan gran parte de su producción para abaratar costes. Igual pasa con algunos ríos asiáticos, que han sufrido cambios radicales, incluso variaciones de color, debido a los pigmentos del tinte de las fábricas de ropa próximas. 

Ejemplos de marcas que trabajan con fast fashion

Algunas de las marcas responsables de toda esta contaminación son tan conocidas como Zara o H&M, las cuales son ejemplos de el nuevo modelo de consumo fast fashion. Más de  la mitad del volumen total de ropa que fabrican acaba en la basura en menos de un año. Estas marcas tienen el objetivo de darle a los clientes lo que quieren cuando quieren. Otras marcas que basan su producción en el fast fashion son SheIn o Zaful, las cuales dan un paso más allá y evolucionan el concepto de moda rápida a “ultra fast fashion”. SheIn proporciona nuevas colecciones completas cada 10 días, 6.000 productos nuevos cada día, mientras que el modelo tradicional de fast fashion como el de Zara lo hace cada tres semanas, 10.000 productos al año.

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