Está por ver qué impacto final tendrán las medidas de emergencia que hemos vivido durante el confinamiento. Unos lo han llevado mejor que otros, pero, por ejemplo, el teletrabajo ha sido más facilmente asimilado que la imposibilidad de pasar un rato en el bar. En el mundo de la comunicación, las facilidades telemáticas han rematado el efecto que ha venido ejerciendo La Gran Mediatización, en expresión de José Manuel Pérez Tornero (a quien entrevistábamos hace unos pocos días). El efecto de remate es una paradoja por lo menos aparente: vencer las distancias y separaciones acercando a las personas y las cosas mediante tecnologías comunicativas para terminar acentuando la separación general producida por las “facilidades” tecnológicas.

A partir de ahora se admitirán como normales las entrevistas por cuestionario interpuesto y se valorarán las realizadas por videoconferencia de igual modo que las presenciales. Ya es difícil hallar en los medios reportajes vividos en primera persona sobre un terreno lejano y no digamos un género popular hace 50 años y ya desaparecido: la mesa redonda. Con el desarrollo tecnológico por una parte y el encogimiento de las empresas periodísticas por otra, la combinación de potencial tecnológico más abstención empresarial ha hecho que el periodismo fuera en dirección contraria a la que había emprendido por vocación y necesidad: recogimiento del periodismo de calle y primado de la actividad en el interior de la redacción; desmantelamiento de casi de la totalidad de las corresponsalías internacionales; reducción draconiana de los presupuestos para desplazamientos y coberturas; aceleración de los procesos de producción que impide la escritura periodística de calidad; legitimidad del uso de internet no ya como documentación sino incluso como fuente; contraste de fuentes sin acceso material, visual y personal a los documentos y los testimonios; y así sucesivamente. La aceptación forzada de la distancia impuesta supone una admisión acrítica de algo que está todavía muy lejos de ser aceptable.

El periodismo, produco nacido de la expansión global de la idea de progreso (“criatura burguesa” le llamó Manuel Vázquez Montalbán en su obra clásica Informe sobre la información, escrito cuando era preso político en la cárcel de Lleida) se desarrolló a lomos de un desarrollo tecnológico inédito y acelerado en términos de comunicación y transporte. El periodismo llegó a ser tal porque supo poner los nuevos medios a su servicio y no al revés. Ahora sucede precisamente lo contrario. Y por eso una de las tareas prioritarias de los periodistas es salvar el periodismo, porque si no pronto nos hallaremos viviendo en un mundo al revés.