En 1938, con el franquismo asentado en las ciudades castellanas, Ramón Serrano Súñer diseñó una ley de prensa para el bando nacional. El objetivo era eliminar la prensa republicana, controlar los medios y utilizarlos para transmitir los valores del régimen. Aquella norma condenó la libertad de expresión durante casi tres décadas.

La medida aguantó hasta 1966, cuando la competencia de prensa pasó al Ministerio de Información y Turismo de Manuel Fraga. En los años sesenta, la España de la tecnocracia y el turismo ya tenía otras preocupaciones; el consumismo y el imperialismo cultural americano empezaban a introducirse a cuentagotas. Es en este contexto donde se desarrolla la Ley de Prensa de 1966.

El gobierno de Franco necesitaba maquillar su imagen ante el mundo. Para ello, dejó a un lado el aparato represivo que dificultaba el trabajo de periodistas y escritores para elaborar una ley menos restrictiva. Aunque mantenía canales de censura, buscaba parecer que la dictadura se esforzaba en eliminar sus prácticas más oscuras contra las letras.

Fraga presentó así la Ley de Prensa de 1966, conocida popularmente por el nombre del ministro. La nueva norma puso fin a la de 1938, permitiendo algo más de libertad para libros y periódicos. Esta reforma marcó un antes y un después en el periodismo español y, el próximo mes de marzo, la «Ley Fraga» cumplirá 60 años de su publicación en el BOE.

Es necesario rescatar esta efeméride no solo por su peso histórico, sino para recordar a quienes dedicaron su vida a las letras y nunca pudieron plasmar su talento por la represión. Con este contenido gamificado, recordamos este aniversario mostrando las dificultades que aquellos personajes debían superar para lograr publicar lo que no iba de la mano ni concordaba con los ideales del régimen franquista.

Jesús Martín, Adrián Lorenz, Clàudia Flores, Roger Hernàndez i Eva Gutiérrez

FuenteBOE
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