El triunfo de México en Miss Universo 2025 es la gota que colma el vaso de un certamen en el punto de mira

Mar Molina, Biel Martínez, Naira Lobo, Mariana Hervas y María Méndez

Newsgame Inside Miss Universe
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La victoria de la anfitriona bajo la dirección de copropietarios mexicanos levanta sospechas de fraude y pone en duda la credibilidad de la competición

La gala final de Miss Universo 2025 ha terminado con resultados negativos para la credibilidad del certamen. La coronación de Fátima Bosch la candidata de México, país anfitrión de esta edición, ha disparado todas las alarmas sobre un posible conflicto de intereses. Con la organización actualmente en manos de diversas empresas en las que se incluyen socios mexicanos, las acusaciones de que el resultado estaba pactado de antemano para satisfacer a los inversores locales han eclipsado lo que ocurría en la pasarela.

Esta situación evidencia la fragilidad de un negocio que debe hacer malabares constantes para no quebrar. La realidad es que, en los despachos, la presión por mantener la financiación a menudo choca frontalmente con la ética de la competición y la percepción del público. Mantener este equilibrio sin que la estructura empresarial colapse bajo el peso de los patrocinadores es un reto administrativo que define el futuro de la marca.

La controversia no se queda solo en la cúpula directiva, sino que salpica directamente a quienes tienen la responsabilidad de contarlo. La victoria de la representante mexicana ha sido utilizada rápidamente como un símbolo de «orgullo nacional» por las instituciones del país, trazando una línea entre un concurso de belleza y una herramienta más de propaganda política.

Esto coloca a los medios de comunicación delante de una situación incómoda. Se debe elegir entre denunciar el favoritismo y el uso político de la candidata, arriesgándose a perder el acceso a las fuentes oficiales y las acreditaciones, o narrar el espectáculo ignorando las sombras para mantener a la audiencia contenta. Las decisiones editoriales que han ocurrido terminan de confirmar la segunda parte, ya que la independencia de los medios frente al poder cada vez es menor.

El impacto de estas decisiones empresariales y políticas se refleja geográficamente. Mientras algunos países históricos abandonan la competición debido a las nuevas tasas de la franquicia, otros ganan peso gracias a la inyección de capital privado, redibujando por completo las alianzas internacionales y las sedes favoritas del concurso a través de las ganadoras.

Entre acusaciones de amaño y estrategias financieras, lo que a menudo termina pagando el precio más alto es la propia esencia del evento. El ruido mediático de este 2025 ha silenciado el trabajo de los diseñadores y la representación de las identidades culturales de cada país que, en teoría, son el corazón del certamen. Más allá de quién paga la corona, el folclore y la moda intentan resistir como el único elemento genuino de la competición, vinculando cada vestido y modelo con su origen.

Ilustraciones e Imágenes de Pinterest y ¡Hola! y Vanity Fair.

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