
Barcelona es una ciudad metropolitana atractiva para muchos por el deseo de experimentar la “calidad de vida” a orillas del Mediterráneo. Según el estudio actual del Índice Global de Habitabilidad de la Economist Intelligence Unit (EIU), la ciudad catalana se sitúa en la posición 38 del ranking mundial de las mejores ciudades para vivir, debido mayoritariamente a su oferta cultural, sus oportunidades económicas, el nivel de educación y su conectividad internacional. Además, el ranking de World’s Best Cities 2025 ha colocado a Barcelona en el top 10 del las mejores ciudades del mundo.
Asimismo, hay que tener en cuenta determinados factores para evaluar una vida estable y completa, así como la vivienda o la gastronomía, pero vayamos por partes.
Transporte y movilidad
La encuesta más reciente de Movilidad en Día Laborable de la ATM revela que en la ciudad de Barcelona se hacen 7,35 M de desplazamientos en un día laborable. Concretamente, un 35% de la población local hace uso del transporte público cada día, mientras que el 44% prefiere ir a pie. Solo el 21% decide ir en vehículo privado por el área metropolitana.
Factores como la comodidad, la dificultad para aparcar en la ciudad y el alto precio que supone tener un coche son los principales motivos de uso del transporte público desde hace años, a los que actualmente se ha añadido el impacto climático. A nivel de España, el último estudio del Observatorio Climático afirma que el transporte por carretera representó el 31,2% de las emisiones GEI totales nacionales.
Por lo que respecta al precio, actualmente en Barcelona se ofrecen bonificaciones del 50% en títulos de uso recurrente, como las tarjetas T-usual o T-joven, que han incentivado la fidelización de los usuarios habituales de transporte público. El coste económico que supondría cada opción de desplazamiento por el área metropolitana sería el siguiente:
Vivienda
Alquilar un piso en Barcelona se ha convertido en todo un reto económico. Según el último estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios, la mayoría de los catalanes consideran el acceso a la vivienda como el principal problema en Cataluña, siente el Barcelonès la comarca donde la vivienda preocupa más en su población. Solo en el barrio de Puerta, Nueve Barrios, es posible alquilar un piso de 90 m², en buen estado y con ascensor, por menos de 1.000 euros en el mes. En cambio, con una media de 1.698 euros/mes de alquiler, el barrio más caro es Hostafrancs.
Además, la OCU ha determinado que una pareja joven en Barcelona tiene que destinar más del 50% de sus ingresos al alquiler, lo cual limita su capacidad para cubrir otros gastos básicos. Las principales causas de esta situación son el desequilibrio entre la baja oferta, la alta demanda de pisos y, en consecuencia, los precios disparados de la vivienda. En Cataluña hay, aproximadamente, una vivienda familiar por cada dos habitantes.
Otra de las conclusiones que extrae el último análisis de CCOO es que la vivienda en Cataluña es el principal factor de desigualdad de clase. La comunidad autónoma catalana Cataluña dispone de unos 4 millones de viviendas en total, distribuidos de la siguiente manera: una de cada cuatro hogares es segunda residencia, hay 106.000 pisos turísticos y cerca de un 11% del parque está vacío. Paralelamente, la vivienda protegida se ha reducido hasta los 100.000 pisos y más del 80% de los parques de vivienda está envejecido, ya que se construyeron antes del 1980.
Gastronomía
La gastronomía catalana se sustenta en los principios de la dieta mediterránea, un modelo alimentario basado en el pan, el vino y el aceite de oliva, compartido por distintas civilizaciones a lo largo de la historia. Este sistema, reconocido en 2010 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, simboliza una forma de alimentación saludable, sostenible y profundamente ligada al territorio.
A lo largo de los siglos, la cocina catalana ha sabido integrar ingredientes procedentes de diversas culturas —como el arroz, la papa o el tomate— adaptándolos a las condiciones del Mediterráneo, donde el clima favoreció el cultivo del olivo, la vid y los cereales. El resultado es una cocina basada en el producto y en la diversidad de una geografía que va del mar a la montaña. Bajo una identidad común conviven distintas cocinas locales, con platos emblemáticos como la escudella, la butifarra con alubias, las elaboraciones de mar y montaña o postres tradicionales como la crema catalana y el mató con miel.


En las últimas décadas, Cataluña ha alcanzado una notable proyección internacional gracias a la cocina de vanguardia, impulsada por figuras como Ferran Adrià, al tiempo que se ha producido una revalorización de la cocina tradicional, el producto de proximidad y las corrientes vinculadas a la sostenibilidad. Este equilibrio entre innovación y raíces ha consolidado a la cocina catalana como un referente global, presente tanto en restaurantes populares como en establecimientos de alta gastronomía.
No obstante, este reconocimiento también ha ido acompañado de polémicas y debates culinarios. En los últimos años, la gastronomía catalana fue objeto de críticas en redes sociales que cuestionaban la originalidad de platos emblemáticos como las patatas bravas, los calçots o el pa amb tomàquet, generando una intensa discusión mediática sobre identidad culinaria y apropiación gastronómica.
Más allá de estas controversias, expertos y análisis señalan que los principales desafíos de la cocina catalana están relacionados con fenómenos como el turismo masivo, la gentrificación y el encarecimiento de locales y viviendas, factores que dificultan la supervivencia de pequeños negocios tradicionales. Espacios emblemáticos como el Mercat de la Boquería son citados a menudo como ejemplo de transformación orientada cada vez más al turismo, en detrimento de su función original.En este contexto, iniciativas culturales y gastronómicas continúan defendiendo la cocina catalana como un patrimonio vivo, vinculado al territorio, la memoria colectiva y el producto local. Una cocina que, pese a los desafíos contemporáneos, mantiene su identidad mediterránea mientras mira al futuro con ambición y conciencia cultural.
El mercado laboral
Trabajar en Barcelona puede ser una buena opción, aunque también implica dificultades, sobre todo para los jóvenes. Según el IDESCAT, la tasa de paro en la ciudad en 2024 se situaba alrededor del 9-10%, una cifra que varía bastante según la edad y el sector. Muchos menores de 30 años trabajan mientras estudian y suelen encontrar empleos temporales, ya que la tasa de temporalidad alcanza el 32,5%, dato recogido en el Informe Jóvenes 2025 del Ministerio de Trabajo. Estos trabajos suelen ser en hostelería, comercio, turismo y servicios, y los salarios se mueven entre 7 y 12 € por hora, también según el mismo informe.
Un problema importante continúa siendo la desigualdad laboral. Las mujeres cobran entre un 12 y un 18% menos que los hombres y presentan una temporalidad más alta. El Ministerio de Trabajo señala que, en el primer trimestre de 2025, la temporalidad de los hombres de 16 a 24 años era 7,9 puntos inferiores a la de las mujeres, y en el grupo de 16 a 29 años la diferencia era de 7,4 puntos.
En cuanto a sectores, Barcelona mantiene mucha actividad en servicios, comercio, hostelería y tecnología, mientras que la industria ha ido bajando. Según un análisis sobre los datos internos de LinkedIn publicado por el diario Metropoli Abierta, los trabajos más solicitados en el área metropolitana de Barcelona son gestor de eventos, agente de viajes, asesor de clientes, bioinformático, gestor de ingresos, agente de reservas, auditor interno, ingeniero de inteligencia artificial, controller financiero y consultor de sostenibilidad. Estos perfiles reflejan las tendencias actuales del mercado laboral, donde las habilidades tecnológicas, digitales y de atención al cliente tienen una creciente demanda. Asimismo, el salario medio de un trabajo a tiempo completo ronda los 1.900-2.100 € brutos al mes, según datos recogidos por Bankinter en su análisis sobre el coste de vida en Barcelona de 2024.
Aun así, trabajar en la ciudad tiene ventajas, como la facilidad para usar transporte público, la oferta cultural, los espacios de formación y las oportunidades de networking, que ayudan a encontrar contactos y proyectos. Pero también tiene desventajas claras, como el alto coste de vida, la inestabilidad laboral provocada por tanta temporalidad y la competencia elevada en los sectores más demandados.
Ocio diario
Vivir en una ciudad nueva puede ser todo un reto, pero es importante que cada persona construya una rutina y participe en actividades afines a sus gustos y que faciliten su adaptación.
Diversos estudios sobre ocio y migración demuestran que hacer deporte, formar parte de un club o pasar tiempo libre en grupo ayuda a los jóvenes a crear vínculos sociales y conexiones con la ciudad de acogida. Esto contribuye a que tengan más apoyo emocional y, en consecuencia, un mayor bienestar.
Uno de los aspectos positivos de Barcelona es que hay una gran oferta de actividades: desde museos y talleres de manualidades hasta locales de ocio nocturno y gimnasios con sesiones personalizadas.
Aunque normalmente las actividades de ocio suponen un gasto adicional, el Ayuntamiento de Barcelona potencia ventajas como el Carnet Jove y descuentos en entradas y actividades para que los jóvenes puedan acceder más fácilmente al ocio y la cultura.
Así que, si te mudas y quieres encontrar tu lugar, recuerda que el ocio no es solo entretenimiento: es una herramienta clave para la integración, el aprendizaje y el bienestar personal.
Patrimonio cultural
Barcelona es una ciudad con una enorme riqueza arquitectónica y cultural que forma parte de la vida cotidiana de sus habitantes.
La zona céntrica es una clara demostración del Modernismo catalán: las obras de Antoni Gaudí y otros arquitectos de la corriente decoran Barcelona con sus edificios y localizaciones especiales. La Sagrada Família, el Park Güell o la Casa Milà (la Pedrera) son algunos de los ejemplos. Estos no son solamente iconos turísticos, sino que se integran a la identidad urbana y cultural del día a día de la ciudad. Con solo pasear por el centro de la capital catalana, se pueden presenciar y apreciar obras tan importantes de manera gratuita (por fuera) o con un coste (hasta los 40€ en La Sagrada Família, por ejemplo). De hecho, en la vida diaria de un habitante de Barcelona, se puede pasar por delante para ir al trabajo, para verse con amigos, o simplemente de paso. Esta es una de las bellezas de la vida cotidiana en Barcelona, siendo un paisaje urbano reconocido como bien cultural.

Por lo que hace a otras obras de patrimonio cultural, la ciudad dispone de museos y espacios culturales que forman parte, también, de la cotidianidad. Según el Ayuntamiento de Barcelona, cerca de 3,8 millones de personas visitaron los museos y centros de exposiciones municipales en el año 2025. El museo más visitado ha sido el Museo Picasso, al igual que el año 2024, con 1.021.500; seguido del Museu d’Història de Barcelona (MUHBA), 949.500 visitantes, sumando sus diferentes sedes; y el Castell de Montjuïc, con 696.000. Fuera del “Top 3” quedan otros museos muy reconocibles para el público, como el Museo de Ciencias Naturales o el Monasterio de Pedralbes.
Estos centros tienen precios más reducidos que los turísticos “centrales”, oscilando entre la gratuidad, los 15 euros o tiquetes combinados con acceso a diferentes establecimientos. Hay también otros espacios, aunque más pequeños y locales, como la Filmoteca de Catalunya o bibliotecas repartidas por la ciudad, que ofrecen actividades permanentes para enriquecer la vida diaria. Existen, además, ciclos y eventos culturales regulares que muchos residentes integran en su cotidianidad: museos y exposiciones continuas, con programación actualizada cada temporada o festivales de música, cine o literatura, así como el Barnasants o BCNegra.
La vida cultural de Barcelona no es solo estática (museos y edificios): también se expresa de forma colectiva durante todo el año en festividades que cualquier residente puede experimentar. Lo llamado “Festa Major”, en Cataluña, es un período de, aproximadamente, una semana, en la que cada territorio celebra la suya, con la cultura identitaria de cada zona. Alrededor de Cataluña, esto se hace en cada pueblo y ciudad (mayoritariamente) pero, en Barcelona, al ser un territorio tan grande, también se divide en sus barrios.
La fiesta mayor de la ciudad (general) es La Mercè, celebrada a finales de septiembre cada año. Ofrece cientos de actividades gratuitas en toda la ciudad: conciertos, teatro callejero, fuegos artificiales (piromusical), performances y espectáculos de arte urbano. La última edición, en septiembre de 2025, acumuló un millón de asistentes, una cifra parecida a otros años. Muchas de las tradiciones de La Mercè —como los castells (torres humanas) o las sardanes (danza tradicional)— son expresiones del patrimonio inmaterial de Cataluña, reconocidas incluso por la UNESCO. En resumen, se expresa la identidad catalana durante estos días por diferentes puntos de la ciudad, a la que acuden millones de personas en total.


Además de esta, cada barrio celebra su festa major, con actividades populares como música en vivo, bailes, desfiles y actos comunitarios. Por ejemplo: la de Gràcia, conocida por decorar sus calles artísticamente durante su fiesta mayor, o en Sants, Poblenou o Sant Andreu, con conciertos, actividades infantiles y eventos de cultura popular.
Otra parte importante del patrimonio cultural de Barcelona es la lengua catalana, la principalmente usada para gran parte de estas celebraciones culturales. Aun así, es sabido que el uso habitual del catalán continúa cayendo en Barcelona y su área metropolitana, según los datos territorializados de la Encuesta de Usos Lingüísticos de la Población elaborada por el Govern, con menos de un 25 % de la población empleándolo como lengua cotidiana. Esta cifra es significativamente menor que la de hablantes de castellano u otros idiomas en el entorno urbano. Este descenso refleja una tendencia más amplia observada en la Encuesta de Usos Lingüísticos, en la que solo alrededor de un tercio de la población de Cataluña usa el catalán de forma habitual y un cuarto asegura no utilizarlo nunca, a pesar de que el número total de personas que conocen la lengua ha crecido. No obstante, hay expresiones cotidianas que sí son conocidas y usadas por parte de la población.
A continuación, se elabora un juego para la práctica de expresiones usadas en Barcelona para futuros habitantes.
Seguridad
La capital catalana es una metrópoli compleja que se estructura en 10 distritos y 73 barrios, cada uno con una identidad propia que va desde el núcleo medieval de Ciutat Vella y la extensión cuadriculada del Eixample hasta las antiguas villas de Gràcia o Sants y las barriadas obreras de Nou Barris. Esta diversidad territorial está gestionada por el Área de Seguridad, Prevención y Convivencia del Ayuntamiento, que coordina un despliegue histórico de 3.500 agentes de la Guardia Urbana y unos 3.300 Mossos d’Esquadra, además de la Policía Nacional y la Guardia Civil.
Según datos del primer semestre de 2025, la ciudad lidera el descenso delictivo en Cataluña con una caída global del 8,8%. Los hurtos descendieron un 6,8% (la cifra más baja en diez años) y los robos con fuerza en domicilios cayeron un 31,4%. Gran parte de este éxito se debe al Plan Kanpai, que combate la multirreincidencia presionando a los delincuentes más activos, consiguiendo reducir un 10% los delitos asociados a este fenómeno. Pese a estas cifras positivas, la seguridad sigue siendo la segunda preocupación principal de los barceloneses, sólo por detrás de la vivienda.
Esta paradoja se explica porque la percepción de seguridad (valorada con un 5,5 sobre 10) es un fenómeno subjetivo que se vive de tres formas:
- La alerta o la precaución se manifiesta sobre todo en zonas masificadas y turísticas como el metro, el Raval, el Gòtic o el Portal de l’Àngel, donde el riesgo de hurtos mantiene a la gente pendiente de sus pertenencias.
- El miedo aparece especialmente durante la noche o la madrugada en espacios desolados, con poca iluminación o baja visibilidad, donde la sensación de vulnerabilidad aumenta cuando se percibe que no se puede pedir ayuda.
- La vulnerabilidad estructural se hace presente en barrios periféricos como Nou Barris, Vallbona, el Besòs y el Maresme o la Trinitat Vella, donde la inseguridad a menudo se relaciona con la pobreza, la exclusión social y el sentimiento de desatención administrativa.
El estudio del Instituto Metrópoli indica que la percepción de inseguridad es mayor en barrios con bajo nivel de renta y desventaja social. Asimismo, se admite que existen estigmas de peligrosidad y prejuicios en los discursos que relacionan erróneamente la «inmigración con la delincuencia», factor que polariza la sociedad y distorsiona el riesgo real.
Para mejorar la tranquilidad ciudadana, el Ayuntamiento ha puesto en marcha el Plan Confianza, que duplica el patrullaje a pie para hacer a la policía más visible, y el Plan de Visibilidad, que refuerza 129 puntos de alta concurrencia. También se apuesta por la tecnología con la instalación de 500 nuevas cámaras de videovigilancia hasta el 2027 en lugares críticos como la plaza de Catalunya y el Front Marítim, buscando un efecto disuasorio que complemente la presencia policial.
Todos estos factores determinan el estilo de vida de los habitantes de Barcelona. Si te gustaría saber si podrías o querrías vivir en la ciudad, presentamos este juego de mesa que permite tomar algunas decisiones para aclararte.




