Aprender no es sólo tarea de los estudiantes; la necesidad de innovación lleva al aprendizaje continuo, y algunos hemos hecho de este incluso un modo de vida, para mantener nuestra conciencia despierta en medio de un mundo sumido en procesos de cambio cada vez más acelerados. Lo que ocurra a partir del Covid-19 acelerará esos cambios, que han comenzado por la comunicación, tanto la interpersonal como la mediada. Los ciudadanos tendrán que replantearse los modos de empleo de la comunicación, resetear muchas de sus formas de relacionarse y someter a crítica la manera de consumir contenidos e interactuar a partir de ellos. Se hace presente en este contexto la alfabetización mediática e informativa, hasta hace poco asunto de especialistas preocupados por la educación en comunicación y ahora mismo necesidad requerida por la calidad de la democracia. Ya no es una cuestión de apropiación de la tecnología, en expresión de los especialistas, sino de evitar la desposesión de nuestras vidas personales.

En una entrevista que publica la última edición de Somos Periodismo, el catedrático de comunicación José Manuel Pérez Tornero, miembro del equipo fundacional de nuestra publicación, nos recuerda que no sólo las tecnologías de la comunicación se han enseñoreado de nuestras vidas sino que prácticamente las han ocupado por entero, de modo que  “han modificado y reformateado muchas de nuestras formas de comunicación. Así, hemos perdido margen de libertad y de humanidad”.

Cuando termine el confinamiento impuesto por la urgencia sanitaria los ciudadanos tendrán que recuperar el uso del espacio público y los ámbitos sociales compartidos, pero deberán además afrontar una tarea no menos necesaria e ingente: evitar que las grandes corporaciones digitales e informativas nos expropien nuestras vidas personales en la medida que los medios tecnológicos cambien nuestro carácter, alteren las relaciones personales y amenacen terminar con la privacidad, la intimidad y las relaciones personales directas.

Tenemos una tarea por delante: repensar y reaprender la manera con la que nos las habemos con la comunicación. ¿Nos ayuda a llevar una vida mejor, a aprovechar bien sus posibilidades de contacto, relación y expansión? ¿Obtenemos de ella información de mejor calidad, no sólo más útil sino de la que amplía nuestros horizontes tanto externos como internos? ¿Nuestro modo actual de comunicar, nos abre o nos cierra? ¿Nuestras relaciones son de mayor calidad, riqueza y diversidad gracias a la comunicación? ¿Somos capaces de imaginar y proyectar un futuro mejor y más humano a partir de nuestras acciones comunicacionales? Aprender a usar la comunicación para vivir de manera más humana es la tarea que debemos emprender ahora mismo. Desconfinar nuestra comunicación para ganar el mundo y no permitir que nos lo roben.